Bueno, como resulta que contigo tengo menos palabra que Rajoy con su puñetera niña de las narices, ya has conseguido tener acceso a este rincón.
Hoy, después de la anterior noche, he releído lo que había escrito y resulta que me he dado cuenta que casi todo lo aquí expresado, más o menos ya lo sabías.
Claro está que no de esta forma, no con pelos y señales.
Y no es que tenga que decirte tantas cosas, es sólo que prefiero contártelas a ti..., no sé supongo que el cumplir los 30 me está afectando más de lo que esperaba.
Siento que se me agota el tiempo, qué cosa!
Hace muchos años que esa sensación vive conmigo y aquí sigo pero a medida que pasan, se acentúa ese pensamiento.
No me siento para nada una fracasada no, es un sentimiento más grande. Como querer salir del país, del mapa, del planeta...
Es como si no cupiese en mi propia existencia, todo lo que guardo dentro de mi.
Y no soy capaz de exteriorizarlo, no soy capaz de sacar todo lo que me ronda, todo lo que a veces me raya y todo lo que a veces me hace sentir tan viva que me da miedo moverme por si dejo de existir.
Cuando era pequeña..., tendría no sé sobre los ocho o nueve años, solía despertarme muy temprano y me quedaba en la cama mirando la pared de enfrente, entonces llena de muñecas y de las colecciones de pin y pon.
Me quedaba mirando fijamente un punto en aquella pared blanca, y pensaba que quizá no existiese ni la pared, ni aquella habitación, ni por supuesto yo.
No conseguía entender cual era la diferencia entre estar durmiendo y soñando y estar despierta sin moverte del lugar, imaginando todo aquello.
Era una cosa muy extraña.
Me daba miedo, terror, tener la razón y que todo lo que estaba "viviendo" fuera producto de un sueño.
Una realidad alternativa de alguien que no existía de verdad.
Aquí ya se me veía el plumero.
Nueve añitos y pensando en la existencia de los seres humanos.
Demasiados libros de fantasía.
Está claro que esto nunca lo dije. Creo que mi infancia estuvo muy marcada por el accidente de tráfico que sufrí a los seis u ocho años, ya no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que aquel año no me pude disfrazar y que desde entonces hasta ahora no es que me gusten especialmente los carnavales.
En fin, esto lo único que demuestra es que durante años viví bajo el manto protector de una madre que no me dejaba hacer prácticamente nada sola. Que mis hermanos me trataban como si fuese de cristal y que poco a poco me encerré en otras maneras de enfrentarme al día a día.
Debe ser por eso que a mi no me cuesta nada pasar días encerrada sola y sin relación con otros seres humanos.
También debe ser este el motivo de que piense que vivo siempre contra reloj. Y debe ser este el motivo por el cual siempre me siento culpable de haber estado perdiendo el tiempo haciendo cosas que no tenía que hacer, como dormir durante el día, o salir hasta altas horas, o ver la tele a las cuatro de la tarde.
Hoy me he levantado a las dos y no he tenido esa sensación porque me pasé toda la noche releyendo en las libretas y mirando que se puede y que no se puede escribir aquí.
Vaya rayada!
Bueno lo que te quería decir es que no me arrepiento de compartir estas cosas contigo y que como esta mañana decíamos, me conoces sí, pero creo que te conozco mejor a ti que tú a mi.
miércoles, 12 de marzo de 2008
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