A veces pienso que se me escapa la vida en una sola bocanada de aire.
A veces simplemente se me acaban las palabras y ya no sé como comenzar de nuevo una conversación.
Se avecina tormenta niño, y no tiene que ver contigo.
Tú eres precisamente la calma, el murmullo de la paz que tanto necesito y que se olvida tan rápido cuando te encuentras así, mal…., y que ansias como si no la hubieras tenido nunca. Aunque sólo haga unos instantes que la poseyeras.
No sé porque me esfuerzo tanto en no expresar lo que me ocurre, no sé porque me cuesta tanto hablar y tan poco callar.
No lo sé, supongo que soy animal de costumbres y que estas costumbres se instalaron en mí hace mucho y me cuesta mostrar lo que realmente me sucede.
Y no me sucede nada en concreto. Es todo y nada, es difícil de expresar!
Siento mucho comportarme como lo hago y odio profundamente la imagen que doy en ese momento, que una vez que me invade ya no puedo frenar, no aguanto verme así, ni que me veas así.
No quiero dar pena, ni que estés a mi lado por ese motivo.
Soy muchas cosas pero no soy alguien a quien se le tenga que compadecer.
Todo lo que soy a día de hoy, me lo he ganado a pulso. Todo!
Algún día podré ser de nuevo yo, supongo que es cuestión de tiempo.
A medida que pasan los días me doy cuenta del daño que me procuro a diario. Cuando recuerdo o hablo con la que fuera mi gente en un pasado, cuando miro alguna fotografía o simplemente ojeo algún pedazo de papel en el que me desahogaba, cuando me desbordaba el peso de mi nefasta existencia. La de aquellos días.
Y me enorgullece saber que aquello pasó y que se acabó, que he pasado página y que la vida que vivo ahora es la que yo elijo vivir pero eso no es motivo suficiente para que en un momento dado, sople de nuevo el viento y haga que el libro de mis días retroceda a una hoja que creí haber olvidado.
Es entonces cunado me doy cuenta que no soy capaz de alejarme del todo de lo que un día fui y me enfado, y me cabreo, y me rayo, y me hago daño en todos los sentidos, y alejo de mi lado a quien me ve porque me aterra que se descubra que no soy más que un ser débil y frágil.
Entonces me desprecio, me alejo de quien soy para aferrarme a la compasión de algún semi Dios sólo para que se apiade de mi alma y la lleve lo más lejos posible de los que amo porque me odio.
Y esto es lo que me pasa por la cabeza entre otras mil quinientas cosas, cuando me rayo.
Así me siento.
De nada sirve poner tierra de por medio, de nada sirve odiar, marginar, evitar…, no sirve de nada porque a fin de cuentas, lo que queda soy yo, yo y esa otra persona, que sigue manteniendo el poder sobre mi para hacer y deshacer a su antojo.
Esta es la raíz de mi problema, él.
Él con su media sonrisa y su prepotencia de todo a cien. Con su egocéntrica manera de plantarse en frente de mí como si fuese yo quien le debiese algo.
Él que en lo más profundo de su ser sabe que jamás encontrará a nadie como yo y que va a vivir el resto de su vida pensando, que nunca podrá remediar todo lo que me hizo pasar. Porque lo único que le queda es alejarse de todo aquello que le recuerde a mi.
Espero que este sólo sea el principio de su castigo en esta tierra.
Y este es mi segundo problema.
Mientras yo siga pensando y sintiendo este odio hacia él, no podré seguir avanzando y cada tres meses me pasará lo que ya esta sucediendo, que pillaré una borrachera del copón bendito y me rayaré de mala manera.
Así que supongo que lo que tengo que hacer es solucionar esto cuanto antes, y sobretodo antes de que acabe consumiéndome a mi y a todos los que me rodeáis.
Supongo que esta es mi manera de decirte lo que me ha ocurrido y me está pasando.
No es mi manera de justificarme, para nada.
Los actos tienen consecuencias. Soy muy consciente de ello.
domingo, 27 de abril de 2008
Mi tormenta
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