Hace más de dos años entré por primera vez en el Linea.
Un bar de aspecto tosco, decadente y que por las insinuaciones de mi querido amigo Sergio, estaba plagado de gente (sobre todo tíos!), que habían perdido algo importante en sus vidas. Lo que visto desde fuera podría denominarse, el típico bar de perdedores.
A mi me daba un poco igual esa definición, que a modo de querer meterme miedo en el cuerpo para disuadirme de la idea de entrar a formar parte de ese círculo, contrariamente, me llamaba aún más la atención.
Había acabado una relación que aún no sabía como calificar y si bien no estaba en mi mejor momento, no distaba mucho mi estado de ánimo del que pudiera encontrarme allí. Con lo cual no desentonaría!
La primera noche que mis pies pasaron aquellas dos puertas y todas vuestras cabezas se giraron al unísono, quise que la tierra me engullera. No recuerdo bien si hubo algún tipo de presentación y si la hubo por parte de Sergio, sin lugar a dudas no fue de ninguno de los parroquianos de los que hoy formo parte.
Toda digna, (o dignamente temblando), me dispuse a tirar la casa por la ventana y pedir una consumición...agua!
- Perdona, me pones...
En ese instante un tipo, que parecía sacado del estante de los disfraces porque su cara se parece a las típicas gafas que incorporan cejas, nariz y bigote, rollo Groucho, me cortó al instante y me soltó un :
- Te pongo?¿?¿?
Dios mío, que mal había empezado la noche.
Al ver que no le seguía la broma, se disculpó y se presentó:
- Perdona, soy Dani, qué te sirvo?
- Agua, gracias.(Y cámbiate el nombre, por Dios!)
Y no, no le dije mi nombre, para qué? tenía pensado pillar el agua y salir por patas...
Segundos más tarde me encontraba abriendo dicha botella y mirando al personal de la barra y me llamó mucho la atención una persona que había allí.
Fue el único que no se me quedó mirando como si viese un espejismo.
No pregunté quién era pero me resultaba muy familiar.
Llevaba una camiseta con una estrella roja en el pecho. Portaba gafas, de los sesenta por lo menos y una perilla que mientras un tipo con media melena, vestido de oscuro le hablaba, él no dejaba de acariciar, mientras miraba la pared de enfrente en la que colgaba una bandera republicana. Era como si estuviese en otra dimensión.
De esa noche recuerdo que me impactó ese momento y las ganas que me entraron de salir corriendo de allí.
Días, tal vez semanas después, Laura y yo, ya formábamos parte del atrezzo de aquel inhóspito lugar.
Durante ese tiempo fui coincidiendo con todas aquellas personas y poco a poco nos fuimos acostumbrando unos a la presencia de los otros, aunque eso sí, no nos dirigíamos la palabra para nada.
Una tarde, bajando de la escuela de adultos con Sergio, le pregunté que sabía de tí, aunque no con estas palabras claro. Tuve que ser mucho más sutil porque mi curiosidad era simple pero sin dudas él, la tomaría como una muestra de interés que no era real hacia esa persona.
Me explicó lo que ya venía intuyendo. Separación, currante, tío involucrado en las actividades de la ciudad y el partido y culto, muy culto...
"Ufff, un listillo!", -pensé.
A la semana siguiente, llegaron las fiestas de Santako y el jueves recibí la llamada de Sergio que nos exigía a Bru y a mi que nos hiciésemos con alguna camiseta roja y nos la pusiéramos esa misma noche.
Con dos cojones, aquella tarde salimos a comprarlas.
Y la sorpresa llegó cuando todos los parroquianos vestíamos igual ese día.
Fue como pasar la prueba y formar parte de una de esas hermandades americanas.
Uno a uno se fueron presentando. Casi dos meses después se presentaron uno a uno a ambas. Qué fuerte!
Un lunes, no recuerdo si a la semana siguiente, te encontré en nuestro lugar de escape y obviamente no debías estar allí pero tú también estabas escapando.
Al cabo de un rato me encontraba hablando contigo y dándote teléfonos y msn.
Ese fue el principio de mi historia.
No tardamos mucho en añadirnos el uno al otro al msn y tampoco a comenzar a tener numerosas y largas charlas por ese medio.
A medida que te iba conociendo, más me daba cuenta de lo mucho que me ibas a aportar en mi paso por el linea.
Todo era limpio, no habían segundas intenciones.
Una noche acabaste en mi casa, no sé bien cómo. Son esas cosas que pasan y punto.
Estábamos los tres. La niña tú y yo.
Pediste una guitarra con cuerdas y tocaste unos temas de Chaouen, entonces desconocido por mi, y vi tu mirada.
No sabías que coño estabas haciendo ahí, en la casa de una completa desconocida. Pude percibir tus ganas de marchar, no sin antes darme cuenta de que algo en mi estaba cambiando. Nos abrazaste y sin más, desapareciste.
Por aquellas fechas yo estaba un poco liada con mis cosas, con saber que hacer, estudiando e intentando alejar de una vez por siempre (el por siempre tardó en llegar), a Dani de mi vida.
Y tú estabas preparando un bolo para el línea.
Recuerdo aquellos días muy bien.
Hablábamos durante horas por el msn, y tus nervios porque saliese todo bien afloraban a cada rato.
Me pasaste el orden de las canciones y creo que la letra de algunos temas tuyos, aunque ya los había visto en tu espacio.
A medida que se acercaba el día del bolo, tus nervios y los míos crecían mucho más.
Una noche, te pedí dormir contigo y tú incrédulo de que lo que pedía era eso y nada más, aceptaste diciéndome que no había narices a ir a tu casa. Creo que ese día te diste cuenta de que a mi no me molaba que me pusieran a prueba.
Llegué a tu casa y no sé porque motivo te abrí de par en par mi corazón o al menos parte de él.
Aquella noche dormimos juntos sí y también afirmaste que si esa noche no pasaba nada, nunca pasaría nada entre nosotros.
En parte esas palabras me aliviaron, ingenua!!!
Dos días después me daba cuenta de que algo estaba cambiando en mi con respecto a ti.
Y llegó el gran día!
Ese jueves lo recuerdo como una sensación de angustia constante. Si algo saliese mal o faltase alguien..., te vendrías a bajo pero no. Apartaba ese pensamiento de mi y ponía todo mi esfuerzo en hacerte ver que todo iba a salir como estaba previsto.
Y así fue!
Estuve tensa todo el bolo, casi no podía ni mirarte y notaba que en alguna ocasión me buscabas para encontrar la complicidad de lo que aquel momento te estaba aportando.
Fue una noche mágica para mi, al menos la viví así.
Y volviendo a casa pensé que si tanto me importabas, si tanto sufría lo que tú..., algo se me estaba escapando de las manos.
Esa noche me pediste un beso y al día siguiente procuré darte el beso más tierno que habría dado hasta entonces.
Un 13 de Octubre...
Y ahí comenzó todo!
No se puede decir que nuestra relación haya sido un camino de rosas, con cohetes y miles de mariposas revoloteando a nuestro alrededor...bla bla bla, pero no cambiaría nada.
Me he dado cuenta de que todo lo que hemos vivido tanto individualmente como juntos, era necesario para llegar a donde estamos hoy.
Eres lo que mas quiero en este mundo.
Te quiero porque me haces reír, llorar, estremecer, por todos los momentos que me das al cabo del día.
Por los cru de cho, por las buenas noches y los buenos días.
Pero si hay algo que valoro de ti, de ti hacia mi, es lo mucho que me haces ver que soy una persona importante para ti, que valoras mi día a día, que me animas a seguir adelante con mis cosas y sobre todo que nunca, nunca, nunca me he sentido a un lado de ti o por debajo o anulada.
Valoro mucho que veas en mi alguien auto suficiente.
Y te doy gracias por todas las cosas que junto a ti he descubierto que existían.
Eres el mejor regalo que he recibido en la vida y le doy gracias a mi Dios por no dejar que tirase en ningún momento la toalla. Y nunca lo haré!
Antes de irme al pueblo, una semana antes..., el martes. Acabábamos de dejarlo y había quedado para ir a dormir a casa de la niña.
Fue muy raro. Siempre procuro evitar pasar por el barrio de la Iglesia Mayor pero aquel día decidí acortar camino y atajar por allí. No me tengo que esconder de nadie y la verdad tenía otras cosas en la cabeza así que fui por ese camino.
Al pasar por la Iglesia, la vi abierta y no pude frenar mis pies. Entré.
Hacia mucho que no lo hacía. Para variar llevaba música puesta como años atrás solía hacer y un montón de sensaciones volvieron a mi. Sin darme cuenta, mis pies me llevaron ante la imagen de un Dios padeciendo, crucificado y allí sin más, me vine a bajo.
Pasé tranquilamente media hora hablando con Él (entiendo que no lo comprendas), pero creo que me escuchó, que sintió todo el dolor que llevaba en mi interior por muchas cosas que no le había dicho hasta entonces y le hice una petición.
Me juré a mi misma y ante Él, que esta vez no haría nada por regresar a tu lado, nada. Si tu eras esa persona, la persona que yo decía amar tanto, Él debía procurar darme una señal y debía ser muy clara.
Puse un plazo. Antes de que finalizase la semana tú debías darme señales de vida. Necesitaba saber que estabas ahí si no de lo contrario, me iría y no volvería y no querría saber nada más de tu persona en mucho tiempo.
Esa señal llegó. El jueves de madrugada, llegó.
En aquel momento me sentí increíblemente confusa pero llena de vida.
Sé que tendré que pagar un precio por esa petición pero estoy dispuesta a aceptar lo que mi Dios disponga.
El viernes de esa semana lo recuerdo como destapar la caja de Pandora. Te abriste a mi y me contaste cosas que desconocía de tu persona, cosas que para ti no tenían una excesiva importancia y otras sí pero para mi todas y cada una de ellas, tenían un valor incalculable.
Sé que tú no crees, que no tienes fe pero a veces tú mismo te sorprendes dando gracias a mi Dios por cosas que te ocurren. Tú y yo no somos tan diferentes el uno del otro, sabes?
Aún así, aún sabiendo que quizá no entiendas lo que puedo sentir con respecto a mi Dios, sé que lo respetas.
En fin, supongo que esto para ti será una anécdota y para mi, algo mucho más grande.
De todas formas, GRACIAS por estar.
GRACIAS por escucharme o en este caso leerme.
GRACIAS por ser quien eres y sobre todo por ser tan inocente como para no verte como yo te veo porque eso es lo mejor de todo. Ese a quien yo veo, es sólo para mi.
Te quiero!
Feliz 2 años!
viernes, 10 de octubre de 2008
Felicidadeeeeeeeeeeeeees!
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